México

Título editorial: El cielo también guía al campo: así influyen equinoccios y eclipses en México

Por Redacción Expreso Yucatán 25/09/2026 3 min de lectura

Mucho antes de los pronósticos meteorológicos y de las imágenes satelitales, distintas culturas que habitaron el territorio mexicano observaban cuidadosamente el cielo para reconocer los cambios de estación y organizar parte de sus actividades agrícolas.

Los movimientos aparentes del Sol, las fases de la Luna y fenómenos como los equinoccios se convirtieron en importantes referencias para comprender los ciclos naturales.

En culturas como la maya y la mexica, la observación astronómica permitió desarrollar calendarios estrechamente relacionados con la agricultura y con cultivos esenciales como el maíz.

¿QUÉ TIENE QUE VER EL EQUINOCCIO CON LAS COSECHAS?

Los equinoccios ocurren alrededor de marzo y septiembre, cuando el día y la noche tienen una duración aproximadamente igual.

Además de su importancia astronómica, coinciden con cambios estacionales relevantes para el campo.

El equinoccio de primavera está relacionado con el periodo en el que aumentan las horas de luz y las temperaturas comienzan a elevarse en buena parte del país. En México coincide además con la preparación de numerosos cultivos correspondientes al ciclo Primavera-Verano.

El de otoño, por su parte, marca la transición hacia días progresivamente más cortos y temperaturas menores. También coincide con periodos de cosecha y con la preparación de cultivos correspondientes al ciclo Otoño-Invierno.

Sin embargo, actualmente las decisiones sobre cuándo sembrar no dependen únicamente de una fecha astronómica. Factores como las lluvias, la humedad disponible en el suelo, la temperatura y la variedad de semilla son fundamentales.

¿Y QUÉ PASA CUANDO OCURRE UN ECLIPSE?

Alrededor de los eclipses han existido durante generaciones distintas creencias relacionadas con las plantas y los cultivos.

Desde el punto de vista ambiental, durante un eclipse solar ocurre una disminución repentina y temporal de la luz y puede registrarse un descenso de temperatura.

Las plantas y algunos animales pueden reaccionar momentáneamente ante ese cambio.

Por ejemplo, algunos polinizadores pueden regresar temporalmente a sus refugios al interpretar la reducción de luz como la llegada de la noche.

Esto no significa que un eclipse arruine una cosecha.

La Secretaría de Agricultura señala que no es necesario suspender las labores agrícolas durante estos fenómenos, ya que su corta duración no determina el desarrollo de los cultivos.

EL MAR TAMBIÉN PUEDE REACCIONAR

Los cambios temporales de iluminación producidos por un eclipse también pueden provocar modificaciones momentáneas en el comportamiento de algunas especies acuáticas.

Ciertos organismos pueden alterar durante algunos minutos sus patrones de actividad, alimentación o desplazamiento.

La respuesta, sin embargo, varía dependiendo de la especie y de las condiciones ambientales.

En la pesca intervienen muchos otros factores, entre ellos las mareas, corrientes marinas, temperatura del agua, disponibilidad de alimento y condiciones meteorológicas.

UNA CONEXIÓN QUE SOBREVIVE HASTA NUESTROS DÍAS

Lo que durante siglos fue aprendido mediante la observación directa del cielo hoy puede complementarse con meteorología, información agroclimática, imágenes satelitales y otras herramientas científicas.

La relación entre astronomía y agricultura sigue siendo un ejemplo de cómo las sociedades han aprendido a interpretar los ciclos de la naturaleza.

El cielo ya no es la única herramienta para decidir cuándo trabajar la tierra, pero continúa recordándonos que los ciclos del campo están profundamente relacionados con los cambios que ocurren sobre nuestras cabezas.